Le doy una última mirada a mis
recuerdos. Navego entre tantas memorias muy bellas, que por un momento la
debilidad se impone ante mí, pero luego recuerdo todo lo que perdí o que me fue
arrebatado, y lo único que pienso es que vida de mierda. Me siento patético al
rondar mis pensamientos de manera tan superficial. Es como si una pequeña parte
de mí se negara a soltar este tiempo.
He vivido tantas cosas que parece
que llevo más de 100 años en este mundo. He acumulado riquezas de muy diversos
tipos, pero también he adquirido deudas enormes. Por algún tiempo fui muy feliz
llevando una vida simple, pero todo cambia. Mis acreedores son implacables y no
me condonaran nada. El amor cobra los placeres prestados y mi corazón ya no se
encuentra en condiciones de pagar. La vida exige que le restituya lo que me
dio, pero no tengo recursos para hacerlo. Es tiempo de desprenderse de todo.
Sobre la mesa está la bebida que prepare
para que fuera la última. Me levanto y voy por ella. La sujeto con la mano y la
miro con desconfianza. Ya no hay marcha atrás debo poner el punto final en el
escrito que ha sido mi vida. La bebo, su sabor es amargo. Me dirijo al patio y
observo la inmensidad de un cielo despejado plagado de luceros. Me siento un
poco mareado. Me acuesto en el pasto y se siente tan suave tan vivo.
El final se acerca. Comienzo a
sentir el cansancio en todo el cuerpo, ya no puedo mover las piernas, me siento
más tranquilo. No puedo moverme, cada vez más lejos mis dolores. Me siento muy
adormilado. Por fin todo se acaba
He dejado una carta con precisos
cariños para todos los pilares de mi vida. Y un
mensaje que enuncia el epígrafe de mi epitafio:
SE QUEDÓ DORMIDO MIRANDO LAS
ESTRELLAS Y YA NUNCA DESPERTÓ