Hace meses me dijo adiós y aún no lo puedo creer. Paradójicamente, tanto pensar me confunde.
A diario solo espero el cobijo de la noche para ahogar
mi dolor en alcohol. Bebo hasta embriagarme y es cuando pienso más en ella. El solo
recuerdo de sus caricias me hace querer llorar. Hasta este momento no sé qué pasó y no
sé si algún día lo haré. No paro de flagelarme con el recuerdo de su cuerpo. Su
aroma no se va de mi cama y su silueta se dibuja con cada sombra. La encuentro
en cada rincón. Estoy viviendo preso de la nostalgia. Mis recuerdos son cadenas
que no me dejan avanzar. De tanto pensar en ella su recuerdo se ha ido desgastando.
Las horas se escurren de mi vida. Siento que ha pasado mucho
tiempo pero todavía no me encuentro cerca
de la medianoche. Continúo bebiendo. La soledad hace mella en mi ánimo y no puedo
mantenerme concentrado. Algo malo se gesta dentro de mi cabeza. Muchas ideas
van y vienen en mi mente. Pienso llamarle, pero no sé qué decirle. Quiero ir a
buscarla, pero no sé dónde encontrarla. Trato de olvidarla, pero la tengo tatuada
en el alma.
El tiempo se ha convertido en mi enemigo. Veo el reloj y parece
que no avanza. El golpe del segundero es cada vez más fuerte y menos frecuente.
Mi vista comienza a nublarse y creo que me estoy embriagando de más. El ruido de la memoria no me deja en paz, y sube el volumen
con cada trago que le doy a la botella.
Tomo un papel y empiezo a escribir letras ininteligibles y
frases carentes de sentido. En él plasmo mi frustración y culpa. Ya no puedo
beber más. Apenas me puedo mantener de pie. Me dirijo hacia la sala y tomo su
foto de la mesa. Las lágrimas corren como ríos por mis mejillas. Por esta noche
ha sido suficiente. Logro llegar al sillón y caigo sobre él casi inconsciente.
Sigue impresa en mis ojos. Por fin pierdo el sentido.
Los rayos del sol caen
sobre mi cara como pesadas cargas, un amanecer más sin su presencia. Me quede sin su amor y no sé cómo seguir. Si tan solo me hubiera dado cuenta a tiempo…
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