Desde el día que la vi su imagen no ha salido ni un
segundo de mi cabeza. No importa a donde mire solo está ella. Ha cambiado todo
en mi vida, y ni siquiera hemos hablado. Todos los días camino sin rumbo entre
los edificios fríos e indiferentes de la facultad con el anhelo encontrarla. He
comenzado a perder interés en casi todo lo que hago, ¿qué clase de poder tiene?
Algunos amigos me han preguntado
quien ese ser tan mágico que ha hecho que me extravíe en mi mente.
Extrañamente, no sé qué contestar y no la puedo describir. Solo puedo decir que
es única pues posee una belleza digna de los más bellos poemas y las más
profundas canciones. Dicen que exagero que nadie es así, pero yo sé que no
pueden comprender.
Los días se desvanecen
rápidamente y no encuentro evidencia de ella. Tal vez fue una visión nacida de un deseo
trascendental. La claridad de su
recuerdo no se ve empañado con el paso de los días, pero tal vez no es real. El peso de su ausencia me
fatiga cada vez más. ¿Mi soledad habrá sido tanta que mi cabeza la inventó?
Espero que no.
Mis esperanzas comienzan a
marchitarse y mi ánimo es cada vez peor. El tiempo solo transcurre sin darme
cuenta de ello. Un día más camino sin dirección fija, pero esta vez no con la
idea de encontrarla, solo lo hago por inercia. Aunque me encuentro rodeado por
cientos de estudiantes me siento muy solo.
Mientras camino percibo un olor
muy dulce en el ambiente, un olor que me emociona, comienzo a sentir vacío en el
estómago. Caigo preso de los nervios. De pronto tengo la necesidad imperativa
de mirar hacia atrás, como si una fuerza
misteriosa me llamara. Siento que me tocan el brazo. Me vuelvo para saber quién
es, y atónito descubro que es ella.
Las palabras no salen de mi boca,
pero no por que no puedan sino porque esta vez no son necesarias. Nos quedamos
viendo fijamente a los ojos y nuevamente siento como me pierdo en la inmensidad
de su mirada. El tiempo parece detenerse. Mi respiración comienza a agitarse. Me
toma de la mano y su toque me hace estremecer. Me siento más vivo que nunca. Humedece
sus labios y de su boca salen las palabras que por tanto tiempo necesité escuchar: “hola, te he buscado mucho”
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